Bretaña
Bretaña, con sus costas escarpadas, acantilados de granito y brezales, se siente como un mundo aparte. El aire salado trae ecos de un pasado antiguo, desde los megalitos neolíticos hasta las ciudades medievales moldeadas por el ritmo del océano. El espíritu celta permanece en el paisaje y en la lengua bretona, aún presente en pueblos y escuelas, mientras castillos, abadías y puertos pesqueros reflejan una región que ha equilibrado durante siglos su independencia con la pertenencia a Francia.
Antiguo ducado a menudo enfrentado a la corona francesa, Bretaña fue anexionada en el siglo XVI, pero conservó identidad, lengua y costumbres propias. Sus habitantes tuvieron un papel destacado en la Revolución francesa y en las dos guerras mundiales, y hoy un consejo regional y movimientos culturales impulsan la autonomía y el patrimonio. Agricultura, pesca, tecnología y turismo sostienen la economía, mientras crêpes, galettes, marisco y sidra, junto con festivales como el Intercéltico de Lorient, celebran una cultura celta viva.
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